“La Paisana”

Villarejo de Salvanés es un pueblo madrileño de algo más de 7.000 habitantes. Sus lugareños son gente sencilla, como en los pueblos pequeños, donde todos se conoimg_4886cen y se preocupan los unos por los otros. Los feligreses de la Parroquia de S. Andrés, la Iglesia del pueblo, saben de las necesidades, penas y alegrías de todos. Ellos encomendaban al hijo de esa vecina que no tiene trabajo, la enfermedad del señor que dejó de venir a la Iglesia po
r estar impedido… Y andaban algo preocupados por una madre que sufría mucho por uno de sus hijos. Una de las feligresas, que es natal de la provincia de Jaén, a la que suele ir con frecuencia, recordó lo que contaron allí: que había una monja muy conocida, que había hecho un milagro muy grande a una madre que se moría. ¿Quién mejor que ella podría entender el sufrimiento del corazón de una madre? Y desde entonces se encomiendan mucho a ella. Es “la paisana”. La llaman así por el nombre. Petra se llama la feligresa nacida en Jaén, y Petra es la “monjita” a la que con tanta fe invocan: Madre Petra de San José.

Para el grupo de feligreses es la paisana. No conocen apenas nada de su vida, ni de su obra…, sólo han oído hablar de su corazón de Madre.

Tuvo que enternecer mucho este cariño a la Beata Petra, allá en el cielo. Casualidades de la vida, o mejor providencia de Dios, la Parroquia de S. Andrés de Villarejo no tenía imagen de San José. Quiso el Señor concederle a Madre Petra el regalo que San José de la Montaña llegase también al pueblo. Porque ellos van juntos de la mano. Un vecino del pueblo, que no conocía la vida de la Beata Petra de San José, le habló al párroco de San José de la Montaña, del que él por su relación con las tierras valencianas, era gran devoto. Todo lo demás es conocido de nuestros lectores: El párroco se puso en contacto con la Congregación de las Madres de Desamparados y San José de la Montaña, que a través de la Asociación de San José de la Montaña, del Santuario de Barcelona, donó una imagen del santo a la Parroquia de S. Andrés. ¡Con qué alegría y devoción recibieron a San José!

Paseando por la plaza del pueblo, visitando el Santuario de su patrona, la Virgen de la Victoria, surge la inevitable pregunta: ¿cómo han llegado San José de la Montaña y la Beata Petra a este pequeño pueblo madrileño de la comarca de las Vegas? Ya lo dice el Evangelio: “El Señor revela sus planes a los de corazón sencillos” (Mt 11, 25-30) Los habitantes de Villarejo se enamoraron del corazón de madre de la “paisana”. Y la Beata Petra de San José les ha regalado su gran pasión: La devoción a San José.