SANTA TERESA DE JESÚS Y BEATA PETRA DE SAN JOSÉ

D. Manuel Jesús Casado Mene. Subdelegado de medios de comunicación. articulo santa teresa de jesus y beata petra de san jose-

SANTA TERESA DE JESÚS Y BEATA PETRA DE SAN JOSÉ: HIJAS DE LA IGLESIA.

SANTA TERESA DE JESÚS | MANUEL JESÚS CASADO

Santa teresa de jesus y madre petra de San José

Las dos mujeres de las que vamos a hablar a continuación, Santa Teresa de Jesús y Beata Petra de San José, son dos cristianas, dos vidas, dos épocas, dos carismas… muchas diferencias con un mismo objetivo: salvar a las almas para acercarlas a Dios y dejarse la vida en el camino. Ese es el gran punto en común que tiene Santa Teresa de Jesús y la Beata Madre Petra de San José. La segunda, devota y auxiliada por la primera, posterior en el tiempo y siguiendo sus pasos, también trabajó en las eternas épocas convulsas para convertirse como la doctora, en una fiel “hija de la Iglesia

En el año 1515 nació en Ávila una niña que con el tiempo sería conocida como santa Teresa de Jesús. En este año, la Iglesia  celebra el quinto centenario de su nacimiento; es un buen momento para conocer sus escritos y acercarse a una espiritualidad profunda que durante todos estos años, ha configurado el corazón cristiano de miles y miles de personas que se han acercado a la Santa, bien por devoción personal o por consagración total.

Observando la vida de ambas aprendemos a ser peregrinos.

Sus vidas han sido un continuo caminar allí donde las circunstancias lo requerían. Entendieron que su vida no les era propia sino que pertenecía a Dios y por eso, no tuvieron nido ni alforja, sino que hacer la voluntad de Dios, siempre en medio de la Santa Madre Iglesia, fue su principal morada en la tierra. La alegría en la vida comunitaria, la oración y la caridad constante las llevaron a plasmar el Evangelio en el día a día de sus vidas..

teresa de jesus
Madre Petra de san jose pintura de iglesia

Sólo los grandes santos, los que han tenido el privilegio de alcanzar un camino de perfección ya en la tierra, son capaces de conjugar tantas circunstancias y hacer que tengan sentido. Para ello, hay una clave indiscutible de la que fueron maestras: la oración. El lenguaje de Dios con los hombres y de los hombres con Dios. Únicamente con este continuo, fecundo y sincero diálogo se pueden alcanzar las metas y objetivos que vienen de lo alto.

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